OTRA COPA PARA VARDY

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En la vida nocturna hay dos tipos de personas. Por un lado, están quienes aprovechan cualquier resquicio para marcharse a casa y por el otro, aquellos a los que hay que recordarles que ya se ha hecho de día otra vez y que quizá, y solo quizá, es el momento de irse a dormir. En el fútbol pasa algo parecido y Jamie Vardy se encuentra dentro del segundo grupo de personas. El bando bueno. En el año del desembarco a Arabia Saudí, el goleador inglés decidió que, pese al descenso del Leicester City, su misión allí no estaba terminada. Le ha costado mucho sacrificio llegar a ese pub como para irse tan temprano. Sírvanle otra copa a Vardy que esto va para largo.

El camino de Jamie Vardy hasta llegar a ser uno de los mejores delanteros de la Premier League no fue el usual. Tuvo una infancia complicada. Su padre abandonó el hogar familiar cuando el joven Jamie todavía usaba pañales, según él porque había embarazado a otra mujer. La nueva pareja de su madre lo trató siempre como si fuese su hijo. De hecho, se quitó el apellido de su padre biológico para adquirir el de Phil Vardy.

La adolescencia de Jamie también fue complicada. Aficionado confeso del Sheffield Wednesday, estuvo jugando en las categorías inferiores de los Owls hasta que en 2003, con tan solo 16 años, le echaron de la institución. Tuvo que bajar un par de escalones para jugar en el Stockbridge, un club amateur de Sheffield. En 2007, hizo su debut con el primer equipo, pero ese mismo año fue detenido tras una pelea en un pub por la noche. Tuvo que jugar seis meses con una tobillera electrónica y sufrió un severo toque de queda.

  • Paso a paso

Mientras tanto, Vardy continuaba metiendo goles, al mismo tiempo que trabajaba en una fábrica de férulas para poder subsistir y salir adelante. En 2010, fichó por el Halifax Town y tras dos años muy buenos (28 goles, en 41 partidos), el Fleetwood Town puso sus ojos en él. Y el delantero siguió brillando con los Cods. Vardy fue clave en la temporada 2011/2012, cuando el equipo logró el ascenso a League Two; convirtió 31 goles, en 36 partidos ligueros. Motivos suficientes para que ese mismo verano, el Leicester City realizara el fichaje más caro de la historia de un jugador fuera de la Football League.

Su adaptación no fue sencilla. Saltó, sin escalas, de la Quinta División a Championship. Durante su primer curso con los Foxes marcó solo 5 goles, en 29 partidos. Pero era el comienzo de algo grande. Bajo el mando de Nigel Pearson se comenzó a forjar parte del grupo que años más tarde conquistaría la Premier League: Vardy, Kasper Schmeichel, Wes Morgan, Danny Drinkwater, Andy King, Matty James, Jeffrey Schlupp. Un dato curioso es que llegó a compartir minutos de juego con un joven Harry Kane, quien había sido cedido por el Tottenham.

Ya en la segunda campaña, el bueno de Jamie anotó 16 goles para lograr el ascenso a la máxima categoría del fútbol inglés. Pero lo que de verdad le cambió la carrera fue la llegada de Claudio Ranieri a Leicester, en 2015. El entrenador italiano apostó por él como delantero centro titular, una decisión arriesgada y cuestionada en su momento, pero Vardy respondió como lo hacen los grandes jugadores. Goles, sacrificio y entrega para lograr el resultado final que todos conocemos.

Jamie Vardy es un romántico del fútbol. Uno de los últimos ‘working class’ héroes del fútbol inglés. Su camino a la élite ha estado lleno de trabas y complicaciones. Eso explica que ahora no quiera dejar de hacer lo que mejor sabe hacer. Ni que lo siga haciendo por otras razones que no sean el divertimento y la defensa de una camiseta que siente como propia. Su Leicester está rompiendo los récords de Championship, con él portando el brazalete y liderando la línea de ataque. No va a traicionar a su clase, la de los obreros del fútbol.

Jamie Vardy es el máximo representante histórico del Leicester City. Más allá de sus brillantes números y los títulos cosechados, que son importantes para acrecentar su figura, es un jugador que representa con su personalidad la esencia del club, del hincha y de todo lo que rodea a Leicester. Es el ‘zorro’ personificado. Tiene carácter, viveza y personalidad, tanto en su estilo de juego como en la forma de celebrar sus goles frente a la tribuna rival. También muestra su personalidad mediante su look desprolijo y rebelde inglés que complementa con una mirada desafiante y una forma de hacerse respetar.

Es un jugador que tiene “calle” y códigos. Tuvo ofertas para irse en su mejor momento (cuando fue campeón de liga en la temporada 2015/16 y cuando ganó la Bota de Oro de la Premier en la campaña 2019/20). Nunca se fue. Nunca le tentó la oferta de un club mejor posicionado. La plata no lo movió. La gloria siempre la encontró en Leicester, en su casa, en ese club donde siempre se sintió amado. Ni el reciente descenso a Championship y una oferta desde Arabia pudo desestabilizar su pensamiento. Es amor por la camiseta, es amor por el club, es sentirse parte.

Es por esas cosas fuera de lo visiblemente importante, como los títulos y los goles, lo que hace a Jamie la persona más querida y más importante en la historia del club, por encima incluso de Gary Lineker o Gordon Banks, que fueron figuras absolutas con la selección de Inglaterra.

Ya tiene 36 años. No queda mucho más camino en su brillante carrera. Aunque comenzó relativamente tarde, no se puede negar lo importante que fue para la historia del fútbol. Llegó para aspirar un ascenso y las vueltas de la vida lo pusieron en el mismo lugar. Vaya como le vaya en la actual temporada, su historia legendaria ya fue escrita con letras doradas. Desde Champions League, pasando por Premier League y hasta Championship. Por y para siempre, el mejor de todos los tiempos del Leicester City Football Club.

✍️ Iker Valverde

🗓️ (24/11/2023)

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Redacción Ligas Menores

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