EL LARGO CAMINO DEL HULL CITY DE REGRESO A LA PREMIER LEAGUE

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El Hull City vuelve a la Premier League nueve años después de abandonar la élite del fútbol inglés. En ese tiempo, los Tigers pasaron de contar con jugadores como Andy Robertson, Harry Maguire y Jarrod Bowen a atravesar una de las etapas más oscuras de su historia. 

Un descenso a League One, una guerra abierta entre la propiedad y la afición, un cambio de dueño y una reconstrucción total marcaron el camino de un club que, contra todo pronóstico, ha conseguido regresar al lugar que ocupó por última vez en 2017.

El 14 de mayo de aquel año, el Hull City confirmó matemáticamente su descenso a la Championship tras caer 4-0 ante el Crystal Palace en Selhurst Park. Una semana más tarde, los Tigers se despidieron de la Premier League con un durísimo 1-7 frente al Tottenham Hotspur en el entonces KCOM Stadium. Aquella goleada puso el punto final a una temporada decepcionante, aunque nadie imaginaba que el regreso a la élite se haría esperar casi una década.

Paradójicamente, aquella plantilla contaba con tres futbolistas que terminarían convirtiéndose en referentes del fútbol británico. Andy Robertson iniciaría poco después una etapa dorada en el Liverpool, donde conquistaría la Champions League y la Premier League. Harry Maguire daría el salto al Leicester City antes de convertirse en el defensa más caro de la historia con su traspaso al Manchester United. Y un joven Jarrod Bowen comenzaba a abrirse paso en el primer equipo, sin saber que años después sería uno de los grandes símbolos del West Ham United.

Con el tiempo, aquellos tres nombres se convirtieron en la prueba de que el talento nunca le faltó al Hull City. Lo que sí le faltó fue estabilidad para construir un proyecto capaz de sostenerse en la máxima categoría.

La temporada había comenzado con Steve Bruce al frente del banquillo. El técnico inglés había liderado la etapa más exitosa de la historia reciente del Hull City. Devolvió al club a la Premier League tras el ascenso de la Championship 2012/13, alcanzó la primera final de la FA Cup de su historia y clasificó a los Tigers para disputar, por primera vez, una competición europea. Sin embargo, las diferencias con el propietario, el empresario egipcio Assem Allam, terminaron por romper la relación. Bruce presentó su dimisión apenas unas semanas antes del inicio de la temporada 2016/17, dejando al equipo sin el arquitecto del mayor éxito que había conocido en décadas.

Mike Phelan asumió el cargo de forma interina y sorprendió con un prometedor inicio de temporada. Sin embargo, la escasa inversión en fichajes y una plantilla demasiado corta acabaron pasando factura. En enero de 2017 llegó Marco Silva, un técnico portugués prácticamente desconocido para el fútbol inglés, que transformó la imagen del equipo y devolvió la ilusión con victorias de prestigio ante Liverpool, West Ham United y Swansea City. Pese a la notable reacción, no fue suficiente para evitar el descenso.

Paradójicamente, mientras el Hull City iniciaba uno de los periodos más difíciles de su historia, Marco Silva comenzaba una brillante trayectoria en Inglaterra. Tras su paso por los Tigers dirigió al Watford, Everton y Fulham. En Londres terminó consolidándose como uno de los entrenadores más respetados de la Premier League. Este verano regresó al fútbol portugués.

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El descenso no fue el origen de la crisis, sino la consecuencia de un deterioro que llevaba tiempo gestándose. La escasa inversión, la inestabilidad en el banquillo y el creciente enfrentamiento entre la propiedad y la afición fueron erosionando un proyecto que apenas unos años antes había alcanzado las cotas más altas de su historia.

Las consecuencias no tardaron en hacerse visibles. Ese mismo verano, Harry Maguire fue traspasado al Leicester City por 13,7 millones de euros, mientras que Andy Robertson puso rumbo al Liverpool por 9 millones. Dos ventas necesarias para aliviar la situación económica del club que, con el paso del tiempo, terminaron convirtiéndose en dos de los mejores negocios de la Premier League. Ambos conquistaron el título liguero con sus nuevos equipos y se consolidaron como referentes absolutos en sus respectivas posiciones.

La reconstrucción nunca terminó de consolidarse. Leonid Slutsky sustituyó a Marco Silva con la misión de devolver al Hull City a la Premier League, pero su proyecto apenas sobrevivió unos meses. Después llegó Nigel Adkins, que logró aportar estabilidad al equipo, aunque sin acercarlo realmente a la lucha por el ascenso.

Mientras tanto, Jarrod Bowen se convirtió en el gran símbolo del club. El extremo, formado en la cantera, asumió el liderazgo ofensivo gracias a su capacidad para marcar diferencias y a una cifra de goles cada vez más destacada. Sin embargo, su irrupción también evidenció uno de los grandes problemas del Hull City: el talento seguía saliendo por la puerta de atrás sin que llegaran reemplazos capaces de mantener el nivel competitivo del equipo.

La fractura entre Assem Allam y la afición terminó siendo irreversible. El propietario intentó cambiar el nombre histórico del club por Hull Tigers, convencido de que una nueva marca impulsaría su expansión internacional. Sin embargo, la Football Association rechazó la propuesta y desató una enorme contestación entre los seguidores.

De esa oposición nació ‘City Till We Die’, un movimiento que defendía la identidad y la historia del Hull City. Las protestas contra la propiedad se convirtieron en una constante. Las pancartas invadieron las gradas y miles de aficionados dejaron de acudir al estadio como señal de protesta. La crisis institucional pasó a formar parte del día a día del club y terminó agravando su declive deportivo.

El golpe más duro llegó en enero de 2020 con la venta de Jarrod Bowen al West Ham United por 22 millones de euros. El Hull City perdió a su gran referente justo antes del parón provocado por la pandemia y nunca logró recuperarse. El equipo solo ganó uno de sus últimos diez partidos y consumó un nuevo descenso, esta vez a League One, tras cerrar la temporada con una histórica derrota por 8-0 frente al Wigan Athletic.

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El descenso a la tercera categoría del fútbol inglés parecía marcar el punto más bajo de la historia reciente del Hull City. Sin embargo, terminó convirtiéndose en el comienzo de la reconstrucción. Con Grant McCann al frente del banquillo, los Tigers reaccionaron de inmediato y lograron el ascenso como campeones de la League One en la temporada 2020/21.

Aquel equipo ya contaba con una nueva generación llamada a liderar el futuro del club. Jacob Greaves, formado en la cantera, se consolidó como uno de los pilares defensivos. Keane Lewis-Potter irrumpió como una de las grandes promesas ofensivas del fútbol inglés. Ambos representaban una nueva etapa basada en el desarrollo del talento propio. También simbolizaban la recuperación de una identidad que el Hull City había perdido con el paso de los años.

El regreso a la Championship devolvió cierta estabilidad deportiva al Hull City, aunque el cambio más trascendental todavía estaba por llegar.

En enero de 2022, el empresario y productor de televisión turco Acun Ilıcalı adquirió el club y puso fin a once años de gestión de la familia Allam. Su llegada marcó un punto de inflexión. Más allá de la inversión económica, Ilıcalı apostó por reconstruir la relación con la afición, modernizar la estructura deportiva y sentar las bases de un proyecto ambicioso con un objetivo claro: devolver al Hull City a la Premier League.

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Tras varios proyectos fallidos y numerosos cambios en el banquillo, la estabilidad llegó de la mano del técnico serbio Sergej Jakirović. Bajo su dirección, el Hull City recuperó una identidad reconocible y volvió a convertirse en un equipo competitivo a lo largo de toda la temporada 2025/26.

La plantilla encontró el equilibrio entre juventud y experiencia. Charlie Hughes se consolidó como uno de los centrales con mayor proyección del fútbol inglés. Ryan Giles recuperó su mejor versión y aportó profundidad y desequilibrio por el carril izquierdo. En ataque, la sociedad formada por Joe Gelhardt y Oli McBurnie resultó determinante. Ambos participaron en 42 goles entre tantos y asistencias. Se convirtieron en el principal argumento ofensivo de un equipo que volvió a creer en el ascenso.

El tramo final de la temporada estuvo marcado por la polémica del conocido como ‘Spygate’. Un caso que alteró el desarrollo del play-off de ascenso y permitió al Middlesbrough disputar la final de Wembley tras la sanción impuesta al Southampton. La controversia desvió parte del protagonismo hacia los despachos, pero el Hull City mantuvo el foco en el terreno de juego.

La final ante el Middlesbrough se mantuvo igualada hasta el tiempo de descuento. Cuando todo parecía encaminado hacia la prórroga, Oli McBurnie apareció para marcar el gol que devolvía a los Tigers a la Premier League nueve años después.

Aquel tanto puso el broche a un largo proceso de reconstrucción. El Hull City había sobrevivido a la marcha de sus principales figuras, a un profundo conflicto institucional, a un descenso a la League One y a varios proyectos que no encontraron el camino. El club que regresó a la Premier League en 2026 ya no era el mismo que la había abandonado en 2017. Si el descenso fue el reflejo de una crisis que llevaba años gestándose, el ascenso confirmó que, después de casi una década, la reconstrucción había dado sus frutos.

✍️ José Antonio Barroso

💻 Juani Guillem

🗓️ (02/08/2026)

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Redacción Premier League

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