El derbi de Merseyside es el orgullo de una ciudad que respira rock y fútbol a partes iguales. Incluso el origen de sus dos clubes merecería una serie al estilo ‘Get Back’. Apenas una milla separó durante años Anfield de Goodison Park, dos estadios icónicos que convirtieron la rivalidad entre Liverpool y Everton en uno de los grandes emblemas de la ciudad. Y lo sigue siendo, aunque sin el sabor de antes, ya que desde esta temporada el Everton estrenó nueva casa: el Hill Dickinson Stadium.
Aun así, incluso sin la cuestión vecinal, este derbi conserva algo que lo hace único. No solo por ser la rivalidad más longeva de la máxima categoría inglesa -el primer enfrentamiento data de 1894-, sino por unos orígenes que, nacidos de un conflicto de intereses, dieron lugar al lado rojo de la ciudad. Una historia impregnada de cerveza, en una Liverpool marcada por el alcoholismo y envuelta en el humo constante de sus fábricas.
Nos situamos en la Liverpool de finales del siglo XIX. Por entonces, el cricket dominaba como deporte de referencia -especialmente entre la burguesía-, mientras el fútbol comenzaba, casi de puntillas, a consolidarse como una disciplina reglada y cada vez más popular. Su accesibilidad y su atractivo ofrecieron a la clase obrera un espacio donde canalizar las duras jornadas laborales y sentirse parte de algo. Desde el alquitrán y el humo en los pulmones, este juego al aire libre -que apenas necesitaba un balón y una portería improvisada- se convertía en una vía de escape: para moverse, para desconectar y, en ocasiones, incluso para celebrar.
Pero en aquella Liverpool, el fútbol era algo más que un simple entretenimiento.
En 1878, en la parroquia de St. Domingo, nacía un equipo puramente amateur con un objetivo claro: ofrecer a los jóvenes de la ciudad un espacio de salud, comunidad y formación religiosa. El cricket, dominante en la época, no podía practicarse en invierno, y el fútbol apareció como la alternativa ideal. Un deporte de equipo capaz de mantener a los adolescentes en el “camino correcto”, alejados de la bebida. Y, en efecto, parecía funcionar.
Los partidos se disputaban en Stanley Park -el parque público que hoy separa Anfield de Goodison Park- y, en poco tiempo, el equipo comenzó a atraer cada vez a más curiosos. No solo miembros de la congregación metodista de St. Domingo, sino también vecinos de distintos puntos de la ciudad.
Así, apenas dos años después, y en honor al barrio donde se encontraba la parroquia, el equipo adoptó el nombre de Everton. Sí, así nació el Everton Football Club.
Pero en 1882, una resolución judicial obligó al club a abandonar Stanley Park y a disputar sus partidos en un recinto cerrado. Y es aquí donde entra en escena una figura clave en esta historia: John Houlding. Propietario de un hotel en el barrio de Anfield -lugar de reunión habitual de los jugadores-, propuso alquilar un terreno cercano en Priory Road a un conocido suyo, el señor Cruit.
La idea parecía acertada. Sin embargo, dos años más tarde, el propietario les pidió que abandonaran el campo. El motivo: las multitudes que empezaban a congregarse en los partidos del Everton, cada vez mayores, generaban tanto ruido como aglomeraciones difíciles de sostener.
Entonces empezó todo. En 1884, el Everton se mudó a Anfield Road. Sí, así como suena: el Everton fue el primer equipo en jugar en el mítico estadio que hoy asociamos con el Liverpool.
La explicación tuvo nombre propio: John Houlding. Ya presidente del club y, además, cervecero -dato no menor-, alquiló el terreno de Anfield a otro miembro del gremio, John Orrell. Sobre ese prado, los propios aficionados y miembros del club levantaron un recinto capaz de albergar a 8.000 espectadores.
Pero ahí comenzó el conflicto. Houlding, empresario hecho a sí mismo, arrendó el terreno al club por 100 libras anuales. Y, apenas un año después, compró la propiedad a los Orrell, obligando al Everton a pagar el alquiler de su estadio… a su propio presidente.
Convertido en el principal inversor, Houlding empezó a moldear el club a su imagen. Utilizaba Anfield como escaparate para su negocio: solo se vendía su cerveza en el estadio. Además, el Hotel Sandon -también de su propiedad- funcionaba como sede del Everton. Allí se reunían los directivos, se cambiaban los jugadores e incluso consumían sus productos.
No hablábamos aún de estrellas globales, pero sí de figuras respetadas dentro de la comunidad. Y, poco a poco, el fútbol dejaba de ser solo un juego.
Por estos motivos extradeportivos, los miembros de la junta comenzaron a mostrar su escepticismo. Ya no se trataba únicamente del terreno de juego, sino también del modelo de negocio ligado a las cervezas del empresario. Pero la gota que colmó el vaso llegó en 1890. El alquiler de Anfield aumentó: de las 100 libras iniciales pasó a 250. Incluso la prensa empezó a cuestionar la gestión de Houlding, quien, si bien había invertido y había sido clave en darle un hogar al equipo, también se beneficiaba económicamente de él.
La figura de Houlding quedó en entredicho. Llegó incluso a plantear la conversión del Everton en una sociedad anónima como vía para resolver el conflicto del estadio. Sin embargo, en 1892, George Mahon -miembro de la directiva- presentó a los socios una alternativa: la compra de Mere Green Field, un terreno situado al norte de Stanley Park, al otro lado de donde se encontraba Anfield y más alejado del barrio de Everton.
Allí se trasladaron, dejando a Houlding sin equipo. La ruptura fue inevitable. No hay que olvidar que el club había nacido bajo el amparo de una organización antialcohólica, y muchos de sus miembros veían con incomodidad la estrecha relación de Houlding con la industria cervecera.
Hubo también discrepancias políticas. Mientras algunos miembros de la junta se alineaban con el partido liberal, Houlding era conservador. De hecho, años más tarde llegaría a ser alcalde de Liverpool. Los intereses -comerciales y también ideológicos- eran distintos, las fricciones fueron inevitables y, finalmente, el Everton abandonó Anfield para levantar en Mere Green Field el Goodison Park, el primer estadio construido exclusivamente para el fútbol.
Pero quedaba una pregunta: ¿qué hacer con Anfield? John Houlding volvió a mover ficha. Decidido a no perder su inversión, fundó un nuevo club: el Everton Football Club and Athletic Grounds. Sin embargo, el nombre no prosperó. La FA no le concedió los derechos sobre “Everton”, obligándole a replantear su proyecto.
Así, en el mismo Hotel Sandon donde años antes se vestían los jugadores del Everton, Houlding fundó el Liverpool Football Club and Athletic Grounds Ltd. El Liverpool que hoy conocemos. El añadido “Athletic Grounds” no era casual: reflejaba su intención de explotar Anfield no solo como estadio de fútbol, sino como un recinto polideportivo al servicio de su visión empresarial.